lunes, 8 de noviembre de 2010

GLORIA AL PADRE, GLORIA AL HIJO Y GLORIA AL ESPÍRITU SANTO Cap. 8

Doxología, (doxa, palabra griega que significa gloria) experiencias de las realidades divinas expresada en alabanzas, acciones de gracias, actitudes de respeto y de acogida alegre de los hechos que Dios llevó a cabo a favor de los hombres y mujeres.
Antes de que surgieran la discusión de los teólogos y las tomas de posición del magisterio, estuvo la oración de los fieles, las celebraciones litúrgicas y la vivencia cotidiana, tranquila y no refleja de la presencia del Padre por el Hijo en la unión con el Espíritu Santo, en medio de la humanidad, en el seno de la iglesia y en el corazón de los fieles.
1- La Trinidad como evangelio para los hombres y las mujeres, especialmente para los pobres:
La Trinidad tiene que ver con la vida de cada persona, con su hacer cotidiano en el esfuerzo de dirigir la existencia en la conciencia recta, en el amor y la alegría, en el sufrimiento de la pasión del mundo y de las tragedias existenciales; tiene que ver con la lucha por denunciar las injusticias sociales y por construir una convivencia más humana y fraternal, con todos los sacrificios y martirios que supone este empeño.
Si no conseguimos incluir a la Trinidad en este camino personal y social, no mostraremos el misterio salvífico, ni evangelizaremos adecuadamente. Si los oprimidos que creen concientizan el hecho de que sus luchas por la vida y la libertad son también las luchas del Padre, del Hijo y del Espíritu por producir el reino de la gloria y de la vida eterna, entonces tendrán más motivos para luchar y resistir.
Si la Trinidad es evangelio, entonces lo es especialmente para los oprimidos y para los condenados a la soledad.
2- Reverencia ante el misterio:
La doxología es una actitud de adoración, de agradecimiento y de respeto ante el misterio trinitario.
La Santísima Trinidad es un misterio estricto ya que escapa a la comprensión de la razón el que tres personas distintas puedan estar de tal forma unas en las otras que constituyan un único Dios. Este concepto de misterio difícilmente provoca una actitud de veneración, provoca más bien una actitud de angustia y estrangulamiento en la mente; sin embargo cuando tenemos un poco más de claridad sobre el misterio (gracias al trabajo de los teólogos investigadores) podemos entender que provoca reverencia. No es un misterio ante el que nos quedemos mudos, sino ante el que nos alegramos, cantamos y damos gracias. No es un muro que se levante frente a nosotros, sino una puerta que se nos abre hacia el infinito de Dios. El misterio de la Trinidad nos rodea por todos lados, mora dentro de nosotros y nos invita a  integrarnos en la comunión eterna de las divinas personas.
Ante el misterio de Dios cave el respeto y la veneración, pero más aun, la fe; creer es mucho más que aceptar. La fe nos sitúa en aquella posición a partir de la cual tiene sentido hablar del misterio de la comunión del Padre, del Hijo y del espíritu Santo, que son un único Dios.
El misterio es más que la verdad revelada; misterio es Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo entrando en la creación, pasando por sus negatividades, rescatándola de la rebelión del pecado, e integrándola en su comunión eterna.
3- ¡Hemos visto su gloria!
Cuando el misterio se revela, manifiesta la gloria del Dios trino; pero ¿Qué significa aquí gloria? Gloria consiste en la manifestación del Dios trino tal como es; implica más que la mera revelación de la existencia de la Trinidad; es mostrar su presencia.
La gloria de la Trinidad aparece en la admiración de las personas, los “queridos de Dios” (Rom. 1:7), los amados del Señor (2 Tes. 2:13). La respuesta a esta gloria comunicada, no puede ser otra más que dar gloria, devolver amor, cantar alabanzas al misterio. Cuando los cristianos cantan el “Gloria”, se sitúan en esta actitud responsorial. Agradecen a la Trinidad su revelación y comunicación; dan gracias al Padre que nos envío a su Hijo para liberarnos y al Espíritu como amor derramado en nuestros corazones.
4- Motivos para la glorificación:
La Trinidad económica es la puerta hacia la Trinidad inmanente. Dios se revela tal como es en sí mismo. Todo este misterio es significativo en sí mismo, basta contemplarlo para llenarnos de alegría y éxtasis espiritual. Dios es glorificado por él mismo, ya que la gloria de la diversidad de personas y de la unidad de comunión se presenta tan fascinante que no cabe otra actitud más que la de exclamación, de cantico, de alabanza, de adoración y de acción de gracias.

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